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Tag Archives: Serie Jacintyas

No sabía cuánto tiempo llevaba allí ya.
Sólo sabía que dormitaba y que cada vez que me despertaba sucedía algo nuevo.
La luz estaba exactamente igual que la primera vez. Esa luz que entraba por esa ventana. Me di cuenta de que no había visto a través de ella todavía.
Me levanté y me dirigí hacia ella.
Pude distinguir hojas verdes de copas de árboles. Debían de ser grandes, ya que estaban cerca de mi ventana. De todas formas, desconocía en qué piso o a qué altura se encontraba mi estancia.
Al aproximarme a los cristales, la luz se hacía cada vez más y más fuerte. Tuve que parar, girarme y frotarme los ojos. No me quedaría sin ver qué es lo que me aguardaba allí afuera. Con un ligero gruñidito, me enfrenté otra vez con la luz, tan amable antes y tan inmaculadamente agresiva ahora. A ciegas llegué a los cristales. Todo lo que veía era una película roja de la piel de mis párpados que translucían. Intenté abrir los ojos, pero se colaron alfileres tan grandes como agujas de calcetar y se me clavaron en mis retinas. Mis pupilas quedaron reducidas a un punto no más grande que la cabeza de uno de esos alfileres. Mi cerebro dio una sacudida y me tiró al suelo.
Suspiré como ya lo había hecho antes. Me di cuenta de que, efectivamente, llevaba todo este tiempo conteniendo la respiración. Caí, como ya lo había hecho antes, inconsciente.

Esta era la cuarta vez. Esta vez me levantaría.
Caminé sin reparos hacia la salida de la habitación. Justo cuando ya agarraba el pomo de la puerta, observé de reojo durante un segundo una foto de una chica pegada en el espejo del aparador y me quedé quieto mirando la madera chapada en blanco de la puerta, delante de mis narices.
No recordaba quién era, pero todas mis ganas se fueron. No quería salir ya. Era mejor que no hiciera nada. Era mejor esperar. Esa chica podría volver mientras no estoy y eso sería un desastre. Tras dos pasos hacia atrás, me di la vuelta, doblé la espalda y acaricié la sábana bajera. Me senté en ella y suspiré como si hubiera aguantado la respiración durante el tiempo que había estado de pie. Con los codos apoyados en mis piernas, me mesé el pelo con la cabeza entre las manos. Sería mejor así, sería mejor esperar. Sería mejor echarme a dormir.