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Esta era la cuarta vez. Esta vez me levantaría.
Caminé sin reparos hacia la salida de la habitación. Justo cuando ya agarraba el pomo de la puerta, observé de reojo durante un segundo una foto de una chica pegada en el espejo del aparador y me quedé quieto mirando la madera chapada en blanco de la puerta, delante de mis narices.
No recordaba quién era, pero todas mis ganas se fueron. No quería salir ya. Era mejor que no hiciera nada. Era mejor esperar. Esa chica podría volver mientras no estoy y eso sería un desastre. Tras dos pasos hacia atrás, me di la vuelta, doblé la espalda y acaricié la sábana bajera. Me senté en ella y suspiré como si hubiera aguantado la respiración durante el tiempo que había estado de pie. Con los codos apoyados en mis piernas, me mesé el pelo con la cabeza entre las manos. Sería mejor así, sería mejor esperar. Sería mejor echarme a dormir.

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