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Había algo en aquel lugar que me inquietaba.
Era una sensación que se parecía a cuando estás a punto de presenciar una discusión sobre infidelidad. También tenía un aire a aquella que te embarga cuando escuchas unos versos mal escritos de una boca que le pone todo el empeño por ensalzarlos cuando, en realidad, no valen nada.
¿Qué lo provocaba? Tal vez la luz de los tubos fluorescentes que, cuando no estaban fundidos, funcionaban intermitentemente. Puede que fuera cosa de los ajados bancos de madera que se reflejaban borrosos en el suelo encerado. Aunque la sensación de apremio, de que algo iba mal, que transmitía el hecho de que nunca hubiera nadie fuera el verdadero culpable.

Odiaba ese lugar al que tarde o temprano volvería siempre.para volver a marchar.

Odiaba esa casa. Su casa.

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