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Monthly Archives: marzo 2012

A veces tengo la sensación de que, en las distancias cortas, soy una persona triste.
No es que vaya emanando tristeza a mi paso, sino en las distancias cortas.
No es que sienta tristeza puntualmente, sino que, en mi conjunto, el adjetivo que viene a la mente de quién me evalúe será el de “triste”.
Pero no debo preocuparme. Es solo una sensación.

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Francamente, estoy perdido.
Sigo buscando esos pequeños trozos que hagan que me sienta mejor. Hasta ahora me topo con parches baratos. Remiendos de tela ya gastada y deshilachada. Eso es lo que yo veo de primeras, pero puede que en realidad sean carísimas telas de diseño. Puede que en realidad ya tenga todo a lo que puedo aspirar, que tenga que bajar mi listón de ambición personal. Pero me resisto. El tiempo pasa, sustituyo unos parches por otros intentando alcanzar esa meta y, mientras, el tiempo se me escurre entre las torcidas puntadas de novato que voy tejiendo.
No soy experto en telas. No soy experto en la vida. Sé pocas cosas de ambas y de la segunda he ido aprendiendo durante este último año. En concreto, sobre mí mismo. Una de ellas, la más reciente, es que no quiero que me cuiden. Aprecio mucho que se preocupen por mí y me ayuden, pero no consiento que nadie me cuide. Sólo podrán hacerlo dos personas, una es fija e inamovible, por lo que solo queda una vacante y quiero ser yo quien elija, por muy buenas intenciones que tenga la otra parte. La razón es bien sencilla: odio las demostraciones de lástima o compasión hacia mí.

Francamente, sigo perdido.