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Como siempre, vengo a sollozar como una nena a este lugar en el que nadie más me conoce, o eso creo.

En estos últimos días he aprendido varias cosas. Obviamente por las malas, porque lo que aprendo por las buenas me lo callo y lo paladeo. Lo último que me apetece es venir aquí y escribirlo.

Los roles que cada persona adopta según su contexto social podrían dividirse básicamente en dos: pública e íntima. Contradiciéndome totalmente en mi obsesión por ser coherente, mi comportamiento en esos dos roles cada vez es más extremo. En mi yo público soy cada vez más frío y sarcástico (sin caer, espero, en la falta de educación). En mi yo íntimo me convierto en una bestia de pastel, frágil, fácilmente humillable, inseguro y quejica (aunque en esto último suelo comedirme).
Ocurre que cuando conozco a alguien creo que piensa de mí que soy un malote. Cuando me va conociendo, ve que soy blando y romanticoide (en cuanto a palabras, no hechos). Eso creo que desconcierta a la otra persona, digo yo. Sobre todo si esa otra persona la admiro especialmente, pues considero que de romanticoide paso a empalagoso.

Esos dos roles creo que cada vez son más extremos debido a mi insactisfacción… ¿amorosa? ¿cariñosa? Como lo queráis llamar. La socialización con el círculo de amistades, que en mi caso por suerte es variado y me permite disfrutar de cosas diferentes, funciona contra esa insatisfacción justo hasta el momento en el que termina esa quedada en concreto. Luego vuelvo a casa. Y me siento tremendamente solo. No hay una sola persona que me llene y, acabo de descubrir, si hay una que llegue a ese mínimo, la ensalzo, idealizo y me aferro a la idea de que se podemos llegar a más.

Como conclusión a mi teoría, estoy seguro de que por ahí hay una persona, solo una, que para mí será lo más jodidamente especial que encuentre nunca. Y lo mejor no será que la encuentre, si no que daremos el uno con el otro en cualquier lugar, sin quererlo ni buscarnos. Tal vez ya la conozca o puede que no, pero la hay y nos encontraremos.Mientras? Pues ganas de que suceda y pasar el rato trabajando duro y disfrutando de los amigos. Y al llegar a casa… bueno supongo que, como ahora, estaré tan cansado que podría llorar durante horas.
Y voy apagando ya, que mi monstruo empalagoso ya asoma.

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