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Llevo unas semanas recibiendo ayuda periódica de gente muy gratamente sorprendente. Dos personas en concreto que me hacen, cada una en su estilo, avanzar hacia donde quiera que esté yendo. Me siento muy afortunado. A pesar de todo, mi cazurrez me impide disfrutar de todo lo que me ofrecen estas y de lo del resto de personas.

Un mínimo de cansancio hace estragos en mí, no sé si por un ataque de pesimismo o porque puedo pensar más claramente. Lo que sé seguro es que sigo siendo terriblemente estúpido. Terriblemente porque realmente mi grado de estupidez asusta a cualquiera, a mí el primero.

Sea por lo que sea, cada vez que caigo en una mala racha, me siento más y más solo. Me siento abandonado y sin armas con las que combatir a un enemigo que no conozco y me es invisible. Cada vez dudo más de que lo que hago está bien y de que lo que pienso es lo más razonable. Creo que me faltan datos para poder pensar correctamente la situación y llegar a una buena solución, pero no sé cuáles son esos datos. No sé qué tengo que preguntar e incluso qué exigir. Al final termino hablando con una media sonrisa que parece la de un turista en país ajeno al que le están explicando en otro idioma cómo llegar al hotel situado en la otra punta de la ciudad. Una sornisa que trata de ser cordial y amable, pero que lo que consigue es demostrar que está muy perdido. Es una situación patética en la que esos extranjeros tendrían justificación. Yo definitivamente no. Ninguna.

Estoy varado en un mar de dudas en el que solo sé que estoy hasta las pelotas de ponerme en el lugar de los demás y de tratar de obrar en consecuencia para luego no sentir ningún tipo de gratificación cuando antes (¿cuándo es “antes”?) era capaz de hacerlo de forma automática y con un éxito del 99%. Solo sé que estoy muy harto de pequeños detalles que, de tan estúpidamente representativos que me resultan, se cuecen en mi cabeza como si estuvieran mezclados con levadura. Crecen, crecen, crecen hasta que no caben en la cabeza. Ojalá salieran por algún lado, pero llegados a ese punto de cocción, se enquista ahí, molestándome todos los putos días hasta que, de repente, me levanto por la mañana o termino una interesante conversación y compruebo que la maldita hogaza ha desaparecido. Pienso luego en el origen de todo ese mal y veo que es precisamente el pensar.

Pensar es de locos.

One Comment

  1. Estoy de acuerdo contigo, pensar es de locos. Es más, si me pudiera deshacer de algo, sería de pensar, de darle vueltas a las cosas, de cometer fallos tan grandes por haber pensado demasiado. Pero ya ves, No podemos deshacernos de la razón tan fácilmente…

    En cualquier caso, espero y deseo que todo vaya mejorando gradualmente. Un saludo.


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