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No hay alivio en el rencor satisfecho. Por muy fuerte que sea ese sentimiento que considero tan sucio y rastrero, estoy convencido de que al final no se gana nada salvo eso: la nada, la sensación de vacío. Un vacío que te hace preguntarte “¿Y ahora qué?”. Un vacío tras un problema como es el sentir rencor que genera más problemas, porque, entre otras cosas, dejas de contar con un punto de apoyo en el que tu ego, orgullo o como quiera que se llame eso, se sustenta. Al final es una razón menos para tener razón.

Conocer un hecho inmediato que produce cierto bienestar para que luego el resto de cosas que dependen de ese hecho se conviertan en dudas, indecisiones, preguntas… no vale la pena. Es bueno saber, siempre lo he dicho, pero definitivamente, querer saber algo o que querer que algo ocurra fundamentando la paz interior de la que se carece en eso, es un error garrafal.

Tal vez pienses que me alegro. Finalmente no, no me alegro.

Podré estar de otras formas, pero no alegre.

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