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Mastico una rosquilla. Despacio. Lentamente.
La dulzura se extiende por mi boca y baja ligeramente por mi garganta.
Luego pienso en qué hará esa persona como yo en la otra parte del mundo.
Yo miro las hojas verdes de los árboles de mi jardín. Olfateo el aire: hierba y mar. La luz ilumina mis mejillas y mis ojos entrecerrados. El sol calienta mi espalda. ¿Sentirá esa persona lo mismo ante su propio paisaje? ¿Concebirá su realidad cotidiana como yo concibo la mía?
¿Se preguntará como yo si alguien piensa lo mismo que él o ella en ese momento?
¿Querría, tal vez, cambiarse por un segundo los ojos conmigo para ver, sentir lo mismo que yo, percibir esta experiencia de unos pocos años de vida en este lugar?

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