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De nuevo vuelvo a escuchar eso. Estoy harta.
Me miro al espejo e intento ver algo especial. Creo que lo encuentro en la cara. Hay algo, un nosequé. Puede que los ojos, los labios… Mi cuerpo no está mal… y si lo disimulo un poco, hasta diría que estoy buena. Creo que estoy acostumbrada a mí, que he aprendido a ver mis defectos, a obviar los menos sobresalientes y a tener más en cuenta mis virtudes. Sí, este perfil es bueno. Esta sonrisa también…
Es entonces cuando, a veces, me quedo inerte, mirando al espejo, y toda esa complicidad conmigo misma se esfuma. Ahora sólo veo una cara inexpresiva enmarcada por una media melena rubia oscura y adornada con dos ojos miel. ¿Miel? ¿Quién rayos es esa? Curiosa, me quedo mirando a la recién extraña en el espejo. Es cautivador. Es hipnotizante. Las luces de la parte superior del espejo le dan un tono a la piel espectrante. Ahí estoy. Ahí estamos, mirándonos fijamente.
Vuelvo en mí. ¿En qué estaba pensando? Ah, sí. acabo de experimentar mi “toque” especial. Eso o tengo tanto sueño que me duermo de pie.
Me rasco la cabeza. Me aliso el cabello con las palmas de las manos. Me froto la cara. Examino los dientes. Sí, necesitan un cepillado y se lo concedo. Apago la luz después de enjuagarme y me doy la vuelta, con una camiseta por pijama, hacia la cama.
De nuevo vuelvo a recordar a esa desconocida en el espejo.
Dicen que soy muy lista. Dicen que lo soy. Pero creo que no hablan de mí.
La lista es la del espejo.

Me voy a cama.

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