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– Hijo mío, eres grande por fuera y tierno por dentro. Eres tan perceptivo que eres como la nariz de un perro comparada con la de los humanos: mientras que a los demás sólo nos llega una mínima parte de lo que los otros sienten, tú lo abarcas todo.
Si eres tan grande es por eso: tienes que albergar una gradísima cantidad de sensaciones debido a tu enorme empatía. Sé que eres frágil pese a ese cuerpo al que todos temen.
Tienes tanto que albergar, tanto que reír y que llorar, tantos sentimientos que cambiar y afrontar que si no tuvieras ese cuerpo, te volverías loco.
O reventarías.

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