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Abrí un ojo cuando un diminuto rayo de luz se coló entre mis pestañas. Allí estaba, tendido sobre una cama de blancas sábanas de lino. Por un ventanal enorme entraba tal cantidad de luz que parecía que el mismo sol se había acercado a ella a despertarme. Por la ventana abierta corría sin ningún tipo de pudor una brisa fresca.

Quise sonreír, pero noté que en mis lagrimales algo se había secado, que estaba tirante. Una mala noche. O tal vez un mal sueño. De todos modos, allí estaba ahora, tendido sobre una cama de lino blanco, durmiendo de nuevo.

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