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El murmullo, casi silbido, de la lluvia cayendo de repente, me sorprende en mitad del entretiempo, cuando ayer me tumbaba sobre la cama para dormir con la ventana abierta por la noche y daba vueltas y vueltas de calor.
Hoy, llueve como siempre. Como antes de que comenzara esta ilusión, este sueño un poco largo. Nunca antes había sentido tan fuerte esta sensación de ciclo, de repetitivo y monótono bucle como un infinito reverse de una cinta en un reproductor que alguien olvidó apagar.

Supongo que es por eso que pienso con un sentimiento mezcla de la ilusión de la incertidumbre y el aburrimiento de la apatía sobre lo que pasará mañana. Nada, es probable. Que todo vaya como no me atrevo a definir en mi cabeza, porque pensar sobre obviedades me aburre.

Esta lluvia repentina, nocturna, se ocupa, cual sereno, de apagar el interruptor de la tranquilidad, de la diversión espontánea, de los planes a última hora a golpe de miércoles.

Esta lluvia lo cambia todo. Avisa: las cosas no es que estén cambiando, sino que mañana ya lo harán por completo. E irá a peor.

Supongo que da igual. No es más que un año más como el anterior.

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