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Ese piano que late bombeando acordes hacia mi cerebro mientras la voz de esa cabeza ajena me susurra qué es lo que le ocurre. Yo, en vez de hacer de psicólogo y resolver sus problemas existenciales, me uno a ellos, soy partícipe y de forma inconsciente sumo mi cuerpo en un vaivén repetitivo, nervioso, neurótico sentado en mi diván, con los ojos perdidos, atento a cada vribración de esas cuerdas vocales modula.

Así paso de ser el que escucha al escuchado y esa voz rota a veces y siempre apasionada ya no me cuenta sus desamores o elevadas dudas, sino que me narra lo que hay en mi propia cabeza. Ese sentimiento ya es mío, siempre lo ha sido, pero estaba escondido.

Porque ahora yo soy el loco.

2 Comments

  1. Solo puedo decir que he llegado aquí de casualidad y me encanta este blog

  2. Hola Clara:
    Me alegro enormemente que te haya gustado este intento de blog y más todavía que lo hayas conocido por casualidad, porque significa que has llegado y lo has leído sin ideas preconcebidas.
    Muchísimas gracias por este comentario y el otro.

    Un saludo y bienvenida.


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