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Ríen juntos. Bromean uno al lado del otro.
“Creo que tienes algo en el pelo” le dice él.
¡Plas!. Manotazo.

“¡Déjalo ya, no?”

Como un fotograma. Él con la mano derecha suspendida en el aire tras el golpe. Ella apretada al asiento, rechazando con su cuerpo y mirada el gesto.

Nadie ríe ni bromea ahora. Para hacerlo, alguno debería ser capaz de saltar el inmenso abismo que se acaba de abrir ante ellos.

Tac…, tac…, tac… suena el vacío.

Nadie sabe si de un martillo construyendo un puente o de unos pasos que se alejan.

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