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Me sumerjo cada día en aire matutino. Los pulmones se vuelven a hinchar. El corazón vuelve a latir. Las neuronas vuelven a sinapsiar. La maquinaria vuelve a funcionar.

Participo cada día en la fabricación de hebras de telaraña dentro de esa burbuja de aire. Lazos sociales de irrisorio grosor. Interacciono siguiendo esos patrones hasta que algunos se rompan. Entonces vuelvo a crearlos buscando otro lugar alternativo, anclándolos en otro tipo diferente de emociones y valores, esperando que esta vez aguanten un poco más.

Al final, cuando el agotamiento es extremo, cuando siento que me voy a ahogar después de estar tanto tiempo allí sumergido, vuelvo a sacar la cabeza a la realidad en una bocanada de nada que hace que mis pulmones, mi corazón y todas y cada una de mis neuronas vuelvan a estar quietas, paradas, aletargadas en un silencio hibernante.

Ubicado en esa realidad vacua, inerte, me siento de nuevo como en casa.

Es mi casa.

Mi realidad íntima, caliente, suave y laxa.
Lejos de la realidad de todos los que componen ese complicado e incomprensivo entramado.
Lejos de lo tangible, de lo abrupto y lo grotesco.
Lejos de mundanales temas.
En mi íntima utopía, con mis puntos de vista como verdades tranquilizadoras, con mis héroes y mis villanos. Con mis emociones y conmociones.

Solo.

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Now playing: Explosions In The Sky – Six Days At The Bottom Of The Ocean
via FoxyTunes

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