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Dos destellos de luz en la penumbra,
alargados,
finos,
como un trazo de una pluma,
son el límite, la frontera, el marco
de lo que esta noche será mi única comida.

Uno recorre tu cuerpo
dibujando curvas suntuosas;
curvas descritas por suaves olas en la arena,
un contorno apetecible,
tierno,
tibio.

Otro cruza tu rostro
insinuándome unos grandes ojos
brillantes,
expectantes,
sobre una boca entreabierta,
jadeante, susurrante y temblorosa.

Cuando mis manos se atreven
a transgredir la corpórea perfección,
recorren toda la superficie
que mis ojos no pueden alcanzar a vislumbrar
explorando recovecos,
rincones desconocidos
mientras los labios besan el terreno conocido
hasta ganar a la luz que las delimita.

Fuego líquido lame nuestras pieles
facilitando toda maniobra
de lubricados movimientos.
Respiraciones heladas alfiletean nuestros lóbulos.
Los dedos atrapan,
aferran cuerpos
como si se fueran a vaporizar en cualquier momento.

Nos hacemos un nudo jadeante,
bombeante,
un nudo que respira,
un organismo nuevo.

Sólo uno.

One Comment

  1. Y las paredes tiemblan al ritmo del amor

    xxx


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