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Y cuando me di la vuelta, ya no estabas.

Cuando me di cuenta, había estado esperando a algo. Esperando alguna palabra. Esperando algún gesto o caricia. Esperando… ¿por qué?. Sencillamente me podía haber vuelto y hablarte, al fin y al cabo solo estabas a mi espalda. Hablarte aunque no me contestases. Hablando solo por hablar. Hablando… ¿de qué?.

¿Qué podría haber dicho o hecho?. Creo que nada. Sólo éramos dos entre cientos. Sólo dos pasajeros en un vagón de metro. Dos compañeros fugaces unidos por un contacto de espaldas.

Si he estado a punto de girarme y hablarte de nuevo. Hablarte a la cara para que supieras que era a ti a quien dirigía mis palabras. No hablaba solo, solo que no me atrevía a mirarte.
Finalmente pensé en lo agradable que era hablar contigo, y eso ganó mi indecisión.

Pero cuando me di la vuelta ya no estabas. Te habías apeado en la parada anterior.

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