Todo lo que veo está borroso. Todo confuso. Todo roto.
En mi cabeza se mezclan el amarillo, el verde y el azul.
Inspiro y nunca acabo, mis pulmones son infinitos. Inspiro y olvido que alguna vez tuve algo que contar. Alguna vez tuve que contar algo sobre mí. Muy importante, pero me olvidé. Cuando quise recordar ya no era yo, ya que recordaba muertes, sufrimientos y vanas esperanzas. Ése no era yo, pues nunca he sufrido. Sólo he muerto. Y la muerte no es sufrimiento, la muerte sólo es la ausencia de la vida. Es necesaria.
Ya no veo nada, pues veo todo. Todo lo que veo me desborda. ¿Qué es todo?. Todo es aquéllo que ves y que recuerdas. Es aquéllo que tu mente abarca. Mueres y esperas recordar todo. Vivir muerto recordando todo eso. Eso que es tu vida.
Es bello recordar todo. Y que ese todo no se siga extendiendo. Pues muerto no hay nuevas experiencias, sólo me limito a rebobinar, avanzar y a dar al “play” a mi vida. Mi vida está muerta. Ya que ahora vivo en mi muerte.