Entre mil cabezas me muevo sin ser visto. Soy. Existo. Toco. Duermo, Pero nadie me ve, nadie me escucha.
Soy una sombra de mil cabezas, un amigo pasajero donde nadie hay ya, donde nadie queda a estas alturas.
El cielo ya está despejado y su intenso azul me hiere en mis retinas.
Una sombra que es rechazada en una mala palabra, en un mal momento y en un mal lugar, una sombra que se torna corpórea cuando alguien necesita un culpable.
Una sombra que una vez cumplido su cometido, vuelve a su estado de perpetua negrura, pegada adonde quiera que vaya, amoldándose a cualquier superficie, a cualquier situación.