Ese olor a sudor seco. Es como si lo tuviera impregnado debajo de la nariz. Es permanente. A veces parece que se va, que vuelve ese agradable olor a fresco, a limpio y a cítrico. Cuando no, ese otro olor, el de nicotina de cigarros fumados hace semanas.
Es insoportable. Y me huelo disimuladamente. Abro las aletas de la nariz e inspiro profunda y calladamente. Pero el olor que me hizo arrugar la nariz hace apenas un segundo, ya no se asoma por ninguna parte. Sólo cítrico.
Cítrico y vainilla.