Tensión entre miradas prohibidas, donde el caos es factible y hasta palpable. Impulsos del grado de reflejos llevan mi mano a tu mano y, aunque se corrigen a tiempo, cada vez son más difíciles de detenerlos.
Ataduras, ligamentos, alambres y cadenas hienden la carne de mis muñecas haciéndome lagrimear de dolor. Dolor.
Te escapas tornándote agua cuando otro impulso me sorprende haciéndome cogerte por la cintura. Un gesto que me atormenta, pues cuando menos lo espero me asalta esa visión. Me gusta. Lo deseo. Porque es tan… sensual. Porque debe ser tan gratificante, confortable, tan… suave. Suave.
Llueve.