Apoyando la cabeza sobre mis manos, te observo caminar en el alféizar de mi ventana te veo caminar pensativa entre flores azules, pájaros verdes y un cielo añil impoluto.
Al mirarme me señalas que baje a tu lado y cuando me doy cuenta, tengo una gran sonrisa delante de mis ojos, mientras respiro aire puro de una brisa suave. Y me coges de las manos para hacerme bailar entre risas que suenan a cascada de agua fresca y límpida. Sin remedio te sigo y giramos…
Los tonos se vuelven pastel. Tu rostro es óleo, tu voz se repite una y otra vez cayendo en una inexpresividad monótona.
Y abro los ojos.